
Salvador Allende: 56 años de su histórica llegada a La Moneda
El 3 de noviembre de 1970, Salvador Allende Gossens asumió oficialmente la Presidencia de la República, convirtiéndose en el primer mandatario marxista elegido democráticamente en Chile y en uno de los protagonistas centrales de la historia política latinoamericana del siglo XX.
Este martes se cumplen 56 años de aquella jornada que despertó enormes expectativas entre los sectores populares y la izquierda internacional, pero también profundas inquietudes en los grupos conservadores y en Estados Unidos, en pleno desarrollo de la Guerra Fría.
Médico de profesión, exsenador y fundador del Partido Socialista, Allende llegó a La Moneda encabezando la Unidad Popular, una coalición integrada por socialistas, comunistas, radicales y otras fuerzas de izquierda que proponían transformar las estructuras económicas y sociales del país sin abandonar la institucionalidad democrática.
Su proyecto, conocido como la «vía chilena al socialismo», buscaba demostrar que era posible avanzar hacia una sociedad socialista mediante elecciones, reformas legales y participación ciudadana, sin recurrir a una revolución armada.
Una victoria estrecha que cambió la historia
Allende ganó las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 con el 36,6% de los sufragios, superando al expresidente Jorge Alessandri, que obtuvo el 35,3%, y al democratacristiano Radomiro Tomic, que alcanzó el 28,1%.
Como ninguno consiguió la mayoría absoluta, correspondió al Congreso Pleno elegir entre las dos primeras mayorías. El 24 de octubre, Allende fue ratificado con 153 votos, frente a 35 para Alessandri.
Su elección estuvo precedida por un clima de creciente tensión política. El comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, defensor de la subordinación militar al poder civil, fue atacado el 22 de octubre durante un intento de secuestro destinado a impedir la llegada de Allende al gobierno. Falleció tres días después.
Pese a la conmoción provocada por el crimen, el proceso institucional continuó y Allende asumió la Presidencia el 3 de noviembre, sucediendo a Eduardo Frei Montalva.
Las grandes transformaciones de la Unidad Popular
Durante sus casi tres años de gobierno, Allende impulsó profundas reformas económicas y sociales, algunas de las cuales dejaron una huella permanente en el desarrollo de Chile.
La más emblemática fue la nacionalización de la gran minería del cobre, aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional el 11 de julio de 1971. La medida permitió que el Estado asumiera el control de los principales yacimientos cupríferos, hasta entonces explotados fundamentalmente por compañías estadounidenses.
La decisión sentó las bases de la actual Corporación Nacional del Cobre (Codelco), una de las principales empresas mineras del mundo. Como referencia de su importancia económica, entre 1971 y 2023 la minería estatal del cobre aportó aproximadamente US$158.000 millones al Estado chileno.
El gobierno también profundizó la reforma agraria iniciada durante la administración de Eduardo Frei Montalva, acelerando la expropiación de grandes propiedades agrícolas y promoviendo una redistribución de la tierra.
En el ámbito social, impulsó aumentos salariales, programas de alimentación infantil, ampliación de servicios públicos y políticas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los sectores de menores ingresos.
Paralelamente, avanzó en la estatización de empresas consideradas estratégicas y en la ampliación de la participación estatal en la economía.
La Guerra Fría y la intervención estadounidense
La llegada de Allende al poder tuvo repercusiones internacionales inmediatas. Su triunfo electoral planteaba un desafío a la política exterior de Estados Unidos, que observaba con preocupación la posibilidad de que otro país latinoamericano avanzara hacia el socialismo después de la Revolución Cubana de 1959.
Documentos estadounidenses desclasificados con posterioridad confirmaron que la administración de Richard Nixon promovió operaciones destinadas a impedir inicialmente la asunción de Allende y, posteriormente, a debilitar su gobierno.
Washington respaldó económicamente a sectores opositores y desarrolló acciones encubiertas en el contexto de una estrategia orientada a obstaculizar la experiencia de la Unidad Popular.
Mientras tanto, Allende fortaleció las relaciones con Cuba, estableció vínculos diplomáticos con China y otros países socialistas, y buscó proyectar una política exterior independiente.
Sin embargo, la experiencia chilena también enfrentó dificultades internas. Las tensiones entre el gobierno y la oposición, los conflictos entre los distintos sectores de la izquierda y la creciente radicalización política contribuyeron a deteriorar la convivencia democrática.
Crisis económica y polarización
Aunque durante 1971 la economía registró una expansión y mejoraron inicialmente algunos indicadores sociales, desde 1972 comenzaron a manifestarse graves desequilibrios.
La inflación, el déficit fiscal, las dificultades productivas y el desabastecimiento se combinaron con conflictos laborales, huelgas empresariales y una creciente confrontación política.
La inflación anual pasó del 22,1% en 1971 al 260,5% en 1972 y alcanzó el 605,1% en 1973.
En marzo de 1973, pese a la crisis, la Unidad Popular consiguió alrededor del 43% de los votos en las elecciones parlamentarias, demostrando que mantenía un respaldo electoral significativo.
Sin embargo, el enfrentamiento político continuó intensificándose. El 29 de junio de ese año se produjo el denominado Tanquetazo, un intento de sublevación militar que anticipó la ruptura institucional que ocurriría meses después.
El golpe de Estado y el fin de una experiencia histórica
El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas y Carabineros ejecutaron un golpe de Estado que puso fin al gobierno constitucional de Salvador Allende.
El Palacio de La Moneda fue bombardeado y el mandatario murió en su interior. Las investigaciones judiciales posteriores establecieron que se suicidó durante el asalto militar.
El golpe dio inicio a una dictadura encabezada por Augusto Pinochet, que se prolongó hasta marzo de 1990 y estuvo marcada por violaciones sistemáticas de los derechos humanos, persecución política, ejecuciones, desapariciones forzadas y exilio.
La caída de Allende también significó el término abrupto de la experiencia de la Unidad Popular y de su intento de construir un modelo socialista por medios democráticos.
Un legado que sigue dividiendo opiniones
A 56 años de su llegada a La Moneda, Salvador Allende continúa siendo una de las figuras más influyentes y debatidas de la historia contemporánea de Chile.
Para sus partidarios, representa la búsqueda de justicia social, soberanía económica y transformación democrática. Para sus críticos, su gobierno estuvo marcado por decisiones económicas controvertidas, una creciente polarización y una crisis institucional que debilitó la gobernabilidad.
Más allá de estas interpretaciones, su elección constituye un acontecimiento excepcional en la historia política del siglo XX: un dirigente marxista que llegó a la Presidencia mediante elecciones competitivas y que intentó desarrollar un proyecto socialista dentro de las instituciones republicanas.
Su trayectoria, su gobierno y el desenlace del 11 de septiembre de 1973 siguen presentes en los debates sobre democracia, derechos humanos, desigualdad y el papel del Estado.
Este 3 de noviembre de 2026, el aniversario de su asunción recuerda no solo el inicio de un gobierno, sino también uno de los experimentos políticos más trascendentes y controvertidos de América Latina.
Esta noticia aparece primero en: El Periodista



